El santo rosario
“El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (Duc in altum!) para anunciar, más aún, ‘proclamar’ a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6), el «fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización».”
(Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae de san Juan Pablo II, 1, 2002)
La oración del Santo Rosario es recorrer, de la mano de la Santísima Virgen María, los principales “misterios” de la vida de Jesús, de María y de la Iglesia, en el Nuevo Testamento. La palabra “misterios” está empleada aquí en el sentido en el que la empleamos cuando nos referimos a los principales aspectos de nuestra fe revelada: Planes o Designios de Dios.
Cuando lo oramos de manera correcta, recorremos el Evangelio, pues recordamos los principales dichos y hechos de Jesús, de María y de la Iglesia, con la finalidad de permitir la acción del Espíritu Santo en nuestro interior, para que vaya Él, con la intercesión de María, formando en nosotros la imagen de Cristo (Rom 8, 29).
El Rosario se compone de dos elementos: 1) la oración vocal, y 2) la contemplación de los misterios.
- 1) La oración vocal: se refiere a los elementos laudatorios (de alabanza) y deprecatorios (de petición) que componen la parte “sensible” de cada misterio. Son las oraciones que pronunciamos al rezarlo.
- 2) La contemplación: Es la reflexión o meditación que hacemos en cada misterio sobre el contenido de este, y la relación que la enseñanza contenida en él tiene con nosotros en cada momento de nuestra vida.
Estos dos elementos constituyen el “cuerpo” y el “alma” del Rosario. Si la contemplación falta, «su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: «cuando oréis no seáis charlatanes como los paganos que creen ser escuchados en virtud de su palabrería» (Mt 6,7)» pues estaríamos convirtiendo nuestra oración en palabras sin aliento de vida. Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza.» (Marialis Cultus 47).
La finalidad de la oración vocal es marcarnos un tiempo para la contemplación o meditación del misterio que estamos orando, de manera que mientras con el cuerpo repetimos pausadamente el Padre Nuestro, las diez Avemarías y el Gloria al Padre de cada misterio, la mente esté ocupada en la meditación de cada uno de estos misterios y la aplicación que tienen para nuestra vida.
El “rosario de cuentas” se emplea para no perder la atención en la contemplación por llevar la cuenta de las Avemarías.
La fuente de la meditación son los pasajes evangélicos que corresponden a cada uno de los 20 misterios que meditamos al rezarlo.
Estos 20 misterios se pueden orar diariamente (Corona), o se reparten en grupos de 5 misterios que se rezan en días específicos.
Si eres principiante con el Rosario te recomendamos leer, siempre que puedas, los pasajes correspondientes señalados en los textos que acompañan a cada misterio en la tabla anterior.
Conforme vayas conociendo más la Sagrada Escritura, irás encontrado más pasajes de ella que te servirán para la meditación de cada misterio de manera más profunda.
Quince Promesas de la Santísima Virgen a Aquellos que Recen el Rosario
- Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
- Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
- El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno: destruye los vicios, disminuye los pecados y nos defiende de las herejías.
- Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
- El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
- Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
- Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
- Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida, en la hora de su muerte encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia y participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
- Libraré del purgatorio a a quienes recen el Rosario devotamente.
- Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
- Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
- Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
- Mi hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
- Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único hijo, Jesús Cristo.
- La devoción a mi Rosario es una gran señal de predestinación a la gloria.
