Esquema General del tema:
- Reflexión natural: ¿Qué es la oración?
- El diálogo humano como imagen de la oración
- Semejanzas y diferencias
- Enseñanza de Nuestro Señor sobre la Oración
- Intención
- Forma
- Contenido- El Padre Nuestro
III. Misterio Pascual
Las tres manifestaciones de la Pascua
- Liturgia
Las tres expresiones litúrgicas
- Estructura de la Liturgia de las Horas
- Forma
- Contenido
Introducción
La Liturgia de las Horas es la oración pública de la Iglesia, con la que ella “alaba al Señor e intercede por la salvación de todo el mundo” (Sacrosanctum Concilium 83).
A partir del Concilio Vaticano II, nuestra Madre y Maestra (la Iglesia) ha insistido en invitarnos a los fieles laicos a participar en ella, a fin de que todos participen en “aquel himno que se canta perpetuamente en las moradas celestiales.” (SC no. 83).
“Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular.” (SC no. 100)
“Hace falta, pues, que la educación en la oración se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral. Yo mismo me he propuesto dedicar las próximas catequesis de los miércoles a la reflexión sobre los Salmos, comenzando por los de la oración de Laudes, con la cual la Iglesia nos invita a «consagrar» y orientar nuestra jornada. Cuánto ayudaría que no sólo en las comunidades religiosas, sino también en las parroquiales, nos esforzáramos más para que todo el ambiente espiritual estuviera marcado por la oración. Convendría valorizar, con el oportuno discernimiento, las formas populares y sobre todo educar en las litúrgicas. Está quizá más cercano de lo que ordinariamente se cree, el día en que en la comunidad cristiana se conjuguen los múltiples compromisos pastorales y de testimonio en el mundo con la celebración eucarística y quizás con el rezo de Laudes y Vísperas. Lo demuestra la experiencia de tantos grupos comprometidos cristianamente, incluso con una buena representación de seglares.” (Novo Millenio Ineunte no. 34)
“Si en la Carta apostólica Novo millennio ineunte he alentado la celebración de la Liturgia de las Horas por parte de los laicos en la vida ordinaria de las comunidades parroquiales y de los diversos grupos cristianos,39 deseo hacerlo igualmente con el Rosario. Se trata de dos caminos no alternativos, sino complementarios, de la contemplación cristiana.” (Rosarium Virginis Mariae, no. 41)
Siendo la oración del pueblo de Dios por excelencia, vamos a conocerla para que, descubriéndola, podamos participar con entusiasmo en ella.
1a. Parte
- La oración es un diálogo amoroso con Dios. Dado que el ser humano está hecho a imagen de Dios (Gn 1, 26), y así como conociéndonos, podemos conocer un poco más a Dios, también las relaciones humanas nos pueden servir para comprender nuestra relación con Dios. Veamos:
Diálogo Humano | Diálogo con Dios (La Oración) |
Finalidad: Conocer al otro y llegar a un encuentro. Medio: La palabra humana. Estado Inicial: Ninguno conoce nada del otro. | Finalidad: Conocer a Dios y tener un encuentro con Él. Medio: La Palabra de Dios y la palabra humana. Estado inicial: Dios me conoce totalmente y mi conocimiento de Él es nulo o casi nulo (Sal 138 (139), 1-6.13-14).. |
Esta diferencia abismal y fundamental entre uno y otro tipo de diálogo implica que, a diferencia del diálogo humano en el cual ambas partes necesitan tener la oportunidad de hablar y escuchar, pues su conocimiento mutuo va creciendo a la medida de este proceso, en la oración lo más urgente es conocer a Dios, ya que Él me conoce a mí perfectamente y yo no lo conozco. Por consiguiente, en la oración es más importante escuchar, pues Dios es quien tiene que decirnos muchas cosas sobre Él que no conocemos.
Por lo tanto, en este diálogo que es la oración, debemos dar a Dios la oportunidad de hablar más, y la actitud fundamental nuestra será ESCUCHAR. Sin embargo, debemos también responder, pues si no, no hay diálogo. Esto es lo que nuestra razón nos dice (si la usamos).
2ª. Parte: La enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo sobre la Oración
Veamos ahora lo que nos enseña Nuestro Señor Jesucristo sobre la Oración.
Para esto veremos el texto de Mt 6 1-18, que nos habla de las tres “armas de la justicia del poder de Dios”: la limosna, LA ORACIÓN y el ayuno:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
“«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
«Vosotros, pues, orad así:
Padre nuestro que estás en los cielos,
o santificado sea tu Nombre;
o venga tu Reino;
o hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
o Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
o y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
o y no nos dejes caer en tentación,
o mas líbranos del mal.
«Que, si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
«Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.»”
En este pasaje del Evangelio, Nuestro Señor nos enseña tres cosas sobre la oración:
- Sobre laintención: Jesús nos dice que al orar podemos tener una de dos intenciones:
- a)Mt 6 5: Ser vistos por otros seres humanos. Jesús, que conoce el corazón humano, sabe que algunas personas oran para ser vistas por otras, no para establecer un diálogo con Dios. Algunos seres humanos que se sienten necesitados de reconocimiento de otros, usan todos los medios a su alcance para lograr este reconocimiento, inclusive la oración.
- b)Mt 6 6: Entablar un diálogo con Dios: Cuando el ser humano desea establecer este diálogo, Dios está allí, esperándolo, en su “cuarto interior”.
- Sobre laforma:
- a)Mt 6 7-8: Hay una forma de orar propia de los paganos (los que no conocen a Dios, aunque saben que existe y por eso oran). Jesús nos dice que esta forma consiste en que como no se conoce a Dios, se vive en angustia pensando que no hay quien nos de todo lo necesario para nuestra vida aquí en la tierra, o que aún si lo tenemos, podemos perderlo.
Por consiguiente, esta oración va encaminada a convencer a Dios de darnos todo lo necesario para nuestra vida aquí en la tierra: casa, vestido y sustento. Esto, desde luego, va acompañado de una gran cascada de palabras, que es vertida ante el Señor.
Jesús señala claramente que Dios ya sabe lo que necesitamos antes de pedírselo, que no necesitamos convencerlo de que nos lo dé por medio de tanta palabrería, pues Él sabe que lo necesitamos y nos lo está dando.
Más adelante, en los versículos 31-33 del mismo capítulo, nos dice:
«No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.»
Aquí está señalando que no debemos pedir a Dios casa, vestido y sustento, pues esas cosas (materiales) Dios ya nos las está dando, sin necesidad de pedírselas (si no fuera así, no estaríamos hoy oyendo [leyendo] esta enseñanza).
- Sobre elContenido:
Mt 6 9-15: Entonces, ¿para qué orar? ¿Qué es lo que debemos pedir a Dios?
Jesús enseña a sus discípulos a orar con el Padre Nuestro, el cual también es una lista de peticiones. ¿Dónde está la diferencia con la oración de palabrería? Esta pide cosas materiales, mientras que el Padre Nuestro nos enseña lo que debemos pedir a Dios. Veamos:
Iniciamos reconociendo a Dios como:
Padre. Por consiguiente, soy su hijo. Jesús desea que al dirigirnos a Dios hagamos conciencia de que somos hijos suyos, por eso nos atrevemos a pedirle todo lo que le vamos a pedir.
Nuestro: Continúa la sintonización, no soy hijo de Dios yo solo, sino todos. Por consiguiente, reconozco ante Dios que mis prójimos son mis hermanos.
Esta invocación inicial sintoniza nuestras mentes en la actitud correcta necesaria para la oración: somos hijos y por eso pedimos a Nuestro Padre Dios, al tiempo que reconocemos a nuestros prójimos como hermanos nuestros y también hijos de nuestro Padre.
Una vez sintonizados con el Padre en el Espíritu de Jesús, vienen luego las siete peticiones. Al enseñarnos a pedir estas siete “cosas”, Jesús nos indica que solo las podemos tener como un Don de Dios, por lo tanto, no son alcanzables por el esfuerzo humano (por eso es necesario pedirlas para recibirlas):
- Santificado sea tu Nombre: ¿Qué significa esta petición? Si leemos los profetas (p.e. Am 2 6-8), vemos que los israelitas profanaban el Nombre de Dios con sus malas acciones. Por consiguiente, santificar el nombre de Dios significará, en el contexto de la Escritura, que nuestras obras den testimonio de la santidad de Dios. Es decir, que nuestra vida corresponda con la realidad que invocamos al iniciar la oración: que podamos vivir como hijos de Dios, que se note en nuestra vida que somos hijos suyos. Que esto sea patente ante todos aquellos con quienes convivimos cada día. Esto es un don de Dios, por eso lo tenemos que pedir. ¡Que podamos vivir como hijos tuyos!
- Venga a nosotros tu Reino: es decir, que Dios Reine en nosotros. Esto significa que actuemos de acuerdo a la Ley de este Rey viviendo, en verdad, como súbditos suyos. ¡Que podamos vivir como hijos tuyos!
- Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo: es decir, en la tierra o sea en nosotros, que tu voluntad se pueda cumplir como la cumple Jesús en el Cielo. Que todos los seres humanos cumplamos tu voluntad como la cumple Jesús. Una vez más, ¡Que podamos vivir como hijos tuyos!
- Danos hoy nuestro pan de cada día. El calificativo de pan en el texto original griego es epiousion (declinación de epiousios), que no significa el pan cotidiano, sino el Pan Supersubstancial, que es Jesús. ¿Por qué no está traducido así? La traducción que usamos en la Liturgia fue hecha por Martín Lutero en el siglo XVI, después de estudiar apenas un año de teología. Esta es una palabra que solo aparece aquí (una vez en Mateo y otra en Lucas). Este es un término que podríamos considerar como “inventado” por los dos evangelistas. De este modo nadie sabía lo que significaba originalmente, aunque los cristianos de habla griega del siglo I cuando se escribieron los evangelios, si lo entendían.
San Jerónimo mismo (siglo IV), en su traducción de la Vulgata, aunque es exactamente la misma palabra, en el caso de Mateo la tradujo como “supersubstancial” y para el caso de Lucas la tradujo como “cotidiano”. Esto revela que él tenía dudas sobre la traducción correcta del término. Sin embargo, los cristianos árabes y coptos han conservado el sentido original del texto y ellos oran el Padre Nuestro diciendo en esta parte “Danos hoy nuestro Pan del Mañana», que corresponde al sentido que originalmente ambos evangelistas quisieron poner en sus versiones de la Oración Dominical. Es decir, que estamos pidiendo a Nuestro Padre Celestial que nos dé el pan de los hijos, es decir, que nos trate como a sus hijos dándonos ya ahora el alimento que tiene reservado para nosotros en el banquete futuro del Reino Celestial. Este Pan es Jesús (Jn 6, 35. 51) el Pan Vivo, el Pan de Vida. Y que podamos convertirnos en lo que comemos (en Jesús, o sea, en hijos suyos, nuevamente), en todas sus presencias: Palabra, Pan, Pueblo, Presbítero, Pobre (las cinco “P”).
- Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden: Es decir, me atrevo a pedirte perdón porque yo he previamente perdonado a los que me ofenden. De otra manera no tendríamos cara para pedirle perdón a Dios, pues nuestras ofensas a Él son infinitamente mayores que las que cualquier persona nos pueda infligir. Esta es la manera de actuar de los hijos de Dios. Esta es la única petición del Padre Nuestro que tiene una condición previa que nosotros debemos cumplir antes para poder tener cara de presentarnos ante nuestro Padre a pedirle el perdón de nuestras ofensas.
- No nos dejes caer en la tentación: No nos dejes separarnos de ti (pues somos hijos tuyos).
- Y líbranos del malo: Pues somos tus hijos.
Es decir: las siete peticiones del Padre Nuestro se resumen en una sola: Que podamos vivir (pensar, hablar y actuar) como tus hijos. Esto es lo que Jesús nos enseña a pedirle a Dios y, está implícito, si no lo pedimos no lo tendremos, a diferencia de las cosas materiales las cuales, si buscamos con todo nuestro corazón esta Gran Petición que Jesús nos enseña, tendremos, sin necesidad de pedirlas.
Si Dios es ante todo Hesed (Misericordia) y Emet (Fidelidad) según las Sagradas Escrituras, entonces si somos sus hijos, también tendremos que mostrar lo mismo que Él a través de nuestros pensamientos, palabras y obras.
Esta actitud básica de hijos no es otra cosa que el resultado de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. (Rom 8 15-16; Lc 11, 13), es decir, que la única Gran Petición del Padre Nuestro es el Espíritu Santo, que es el Espíritu de los Hijos de Dios, que nos da la capacidad de llamarle a Dios: ¡Abbá!, Papá (Rom 8, 15).
Esto es el plan de Dios para los seres humanos: que nos vayamos convirtiendo de hijos de hombre, comunes y corrientes, en hijos de Dios:
Rom 8, 28-30
1 Jn 3, 1-3
3ª. Parte: El Misterio Pascual
Como vemos en las secciones anteriores, Dios está realizando en nosotros su plan esencial. A este plan esencial de Dios para transformarnos en hijos suyos lo conocemos con el nombre de: Misterio Pascual.
El Misterio Pascual constituye la parte central, nuclear o medular de nuestra fe. Este es el plan de Dios para la humanidad. Veamos que significa:
- a) Misterio viene del gr.Mysterion, que significa, exactamente lo mismo que «misterio» en castellano. Esta palabra fue introducida a la Sagrada Escritura por los traductores de la Septuaginta o Versión de los LXX, quienes la utilizaron para traducir la palabra hebrea «OTH«, que tiene un significado distinto. Esta palabra significa PLAN o DESIGNIO (de Dios). Este es el sentido en que los cristianos empleamos la palabra «misterio» cuando nos referimos a algún aspecto específico de nuestra fe, y no en el sentido que le daban los antiguos griegos.
- b) Pascua, del heb. «pésaj«, se refiere al acontecimiento salvífico del Éxodo. Por consiguiente, también hace referencia a las cosas que Dios llevó a cabo durante este acontecimiento de liberación: paso, tránsito, golpe, rescate, etc. En resumen, podemos entender esta palabra como «TRANSFORMACIÓN», pues por medio de estos acontecimientos, el pueblo de Israel fuetransformadopor Dios, de ser un grupo de esclavos, en un pueblo libre y dueño de su propia tierra.
- c) Por consiguiente, Misterio Pascual significa el PLAN DE TRANSFORMACIÓN que Dios tiene para la raza humana. Este consiste en lo que, en tres ocasiones importantes, Dios mismo nos ha manifestado en la Historia de la Salvación:
a) La Pascua de Israel (Éxodo) |
b) La Pascua de Jesús |
c) La Pascua de la Iglesia, es decir, de los cristianos. |
Al analizar estos hechos salvíficos, nos encontramos con una constante: cada uno de estos acontecimientos se desarrolla pasando a través de cuatro etapas: Gozo, Luz, Dolor y Gloria o Triunfo, de modo que podemos, a fin de tener una mejor comprensión de este plan triplemente manifiesto a nosotros, esquematizarlo de la siguiente manera:
| Gozo | Luz | Dolor | Gloria |
a) La Pascua de Israel (Éxodo) | Moisés anuncia y realiza la liberación (Ex 4, 29-31) | Israel es iluminado por las enseñanzas de la Ley o Torah | Camino por el desierto durante 40 años (Núm 14, 34) | Entrada y toma de posesión de la Tierra Prometida (Jos) |
b) La Pascua de Jesús | Jesús anuncia y Realiza la llegada de Reino de Dios | Jesús da la luz del Evangelio (la Nueva Ley) | Pasión y Muerte | Resurrección y todos los hechos gloriosos de ella derivados |
c) La Pascua de la Iglesia, es decir, de los cristianos. | Los Apóstoles anuncian y Realizan el Evangelio de Jesús (Hech 3, 1-8) | Predican el Evangelio de Jesús, (Nueva Ley) siendo iluminados por, e iluminando a la Iglesia | Viven de acuerdo a la enseñanza de Lc 9, 23 | Esperan las promesas (2 Pe 3, 13-14) |
Podríamos decir, en resumen, que Dios tiene un plan de transformación para cada uno de nosotros. Nos ofrece, por su magnanimidad, la posibilidad de convertirnos de simples hijos de seres humanos en hijos suyos (1 Jn 3, 1-2). El modelo de esta transformación ha sido manifestado plenamente en la persona de Jesús de Nazaret, el Verbo Encarnado (Rom 8, 28-30).
Esto es un gozo grande para cada uno de nosotros, y por esta razón la Iglesia entera celebra el Misterio Pascual con gran gozo al experimentar la salvación en su LITURGIA.
4ª. Parte: La Liturgia de la Iglesia
La palabra “liturgia”, viene del griego leitourgia (pr. Liturguía), que a su vez se deriva de la palabra griega leitourgein (pr. Liturguein), la cual está formada por dos raíces: leiton y ergos, las cuales significan: pueblo y acción, respectivamente. Es decir, que la palabra leitourgia significa una obra o acción del pueblo o para el pueblo.
En la Iglesia, el significado que tiene es la acción de culto a Nuestro Señor que el pueblo lleva a cabo.
La liturgia es “la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza.” (Sacrosanctum Concilium no. 10, Documentos del Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia.)
Nuestra liturgia se celebra en forma cíclica a lo largo de un año, proceso al cual damos el nombre del Ciclo Litúrgico. Nuestro Ciclo Litúrgico, es decir, el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica, se desarrolla con base en dos fiestas principales:
a) Navidad |
b) Resurrección |
Cada una de estas dos fiestas tiene el mismo esquema básico para su celebración:
1. Tiempo precedente de preparación |
2. Día de la fiesta |
3. Tiempo de alargamiento de la fiesta |
Combinando las dos tablas anteriores en una sola, tenemos la siguiente nomenclatura para cada uno de los tiempos señalados:
Tiempo precedente de preparación | Día de la fiesta | Tiempo de alargamiento de la fiesta | Tiempos intermedios entre ambas pascuas | |
Navidad | Adviento | Navidad | Tiempo de Navidad | Tiempo Ordinario |
Resurrección | Cuaresma | Resurrección | Tiempo Pascual |
El Ciclo Litúrgico sigue el movimiento del Misterio Pascual.
La liturgia de la Iglesia Católica se expresa en tres maneras:
- La Liturgia de la Palabra y de la Eucaristía (La Santa Misa)
- La Liturgia de los Sacramentos
- La Liturgia de las Horas.
5ª. Parte: La Liturgia de las Horas
La iglesia temprana mantuvo la costumbre de orar con los salmos.
¿Qué son los salmos? (en griego Psalmoi, en hebreo Tehillim = cantos de alabanza) Son letras de canciones en las cuales, la Iglesia reconoce la Palabra de Dios en forma compacta o resumida. Estos constituyen el cuerpo nuclear de la Liturgia de las Horas, la cual está constituida, de acuerdo a la Tradición Apostólica de “Himnos, salmos y cánticos inspirados…” (Col 3 16; Ef 5, 19).
La Iglesia escoge los salmos para esta oración ya que ellos son el corazón de la Biblia. Todos los temas de la Sagrada Escritura pasan por ellos, tanto del AT como del NT. (p.e. Gn 2, 9; Sal 1; Ap 22, 1-2).
Los mismos salmos nos hablan de la estructura de la Liturgia de las Horas: Sal 113, 1-3 y Sal 119, 164: “Siete veces al día te alabo por tus justos mandamientos.”; “Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor”. Esta exhortación va dirigida a los siervos del Señor. Si queremos servir a nuestro Señor correctamente, va dirigida a nosotros.
Los salmos son 150 y estos se encuentran distribuidos para fines de la oración, en cuatro grupos. Cada uno de estos grupos se ora a lo largo de una semana, formando así un ciclo de cuatro semanas. La distribución en la semana se hace de acuerdo al misterio pascual.
Las siete horas se dividen en mayores y menores. Las Horas mayores son Laudes y Vísperas. Las menores son Tercia, Sexta, Nona, Oficio de Lectura y Completas.
Los elementos constitutivos de cada momento de oración a las horas especificadas son:
| Horas Mayores | Horas Menores |
| 1. Invocación inicial | 1. Invocación inicial |
| 2. Himno | 2. Himno |
| 3. Salmodia | 3. Salmodia |
| 4. Lectura Breve | 4. Lectura Breve |
| 5. Responsorio | 5. Responsorio |
| 6. Cántico Evangélico | 6. Oración final |
| 7. Preces, que se concluyen con el Padre Nuestro | 7. Conclusión |
| 8. Oración Final | |
| 9. Conclusión |
Si eres principiante en la oración de la Liturgia de las horas, te recomendamos que descargues la versión para el teléfono celular en tu tienda de aplicaciones, que te permite iniciar de inmediato tu participación en la Liturgia de las Horas:
Si ya estás más avanzado, descargar los que aquí tenemos para los cuatro tomos:
| Contenido | |
| Tomo I | Adviento y Navidad |
| Tomo II | Cuaresma y Pascua |
| Tomo III | Semanas I a XVII de Tiempo Ordinario |
| Tomo IV | Semanas XVIII a XXXIV de Tiempo Ordinario |
